Si todo el tiempo tienes esa sensación de estómago vacío y que no puedes parar de comer, puede que el problema no sea precisamente el hambre y que ese vacío que se siente no viene del tu estómago, sino de tu cabeza. Lo que sucede es que empiezas a comer de más y a crear esas lonjitas que tanto odias, entonces, para evitar esta situación hay que diferenciar el hambre real del hambre emocional o ansiedad.

¿Cómo diferenciarlas? Puedes empezar preguntándote si el hambre apareció de repente, si estabas bien y de pronto ¡mucha hambre! Quiere decir que tu hambre es por ansiedad o emocional. Trata de controlarla.

Te ruge la tripa, y tienes una manzana a la mano, pero sientes que lo único que te quitará el hambre es un pastelillo o un chocolate ¡otra vez es un hambre falsa! Tu estómago se encuentra sin hambre, de lo contrario esa manzana sería suficiente para calmar tu hambre real.

Cuando el hambre es emocional es casi insoportable la espera para comer algo delicioso, también puedes seguir comiendo, incluso cuando ya no tienes hambre y al final es casi inevitable sentir culpa.

Si te identificaste con alguna de estas situaciones, entonces es hora de ser consciente del problema y tratar de buscar una solución. El primer paso ya está dado.

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