Conformarnos con lo que tenemos, porque es más cómodo y fácil para nosotros. Esa es la definición de zona de confort, aunque puede ser aún más completa. No queremos movernos de nuestra posición por complacencia y por miedo a lo desconocido, una decisión que nos priva de nuevos desafíos y recompensas.

No hay que buscar mucho. Muy populares son los dichos: “Más vale pájaro en mano que ciento volando” o “mejor malo conocido que bueno por conocer”. Sin embargo, muchos especialistas cuestionan si esa decisión es correcta y si nos genera inseguridad y miedo.

Principal escollo: el miedo

Según los especialistas de Mundo Psicólogos, el miedo es el principal escollo para salir de nuestra zona de confort. Este sentimiento, una reacción emocional ante una amenaza percibida que motiva conductas defensivas, nos paraliza y nos impide avanzar en nuevos proyectos.

Desde la Universidad de Barcelona (UB), aportan otra interesante definición: estado mental en el que la persona involuntariamente utiliza conductas para evitar el miedo y la ansiedad en la vida diaria. Se trata entonces de un comportamiento cotidiano en el que no se asume ningún riesgo.

A juicio de estos expertos, el problema no es que permanezcamos momentáneamente en esa situación, sino que se alargue en el tiempo. Ahí llegan las actitudes inconformistas.

Cómo saber si estamos en nuestra zona de confort

Antes de salir de nuestra zona de confort, hay que saber si estamos en ella. Es decir, tenemos que ser conscientes de que hemos llegado a ese punto de no querer movernos por comodidad.

Debemos plantearnos tres preguntas, de acuerdo con los especialistas de esta plataforma:

  1. ¿Hay algo que me esté generando un malestar constante?
  2. ¿Me gustaría hacer algún cambio en mi vida?
  3. ¿Estoy satisfecho con mi situación actual?

Salir de la zona de confort está en tus manos

Esta situación es reversible. Está en nuestras manos, recuerdan los especialistas de la UB. El proceso es lento y podemos empezar con este sencillo ejercicio que proponen: salir de casa, pensar al sitio que queremos ir y en la ruta que elegiríamos normalmente, cambiar la ruta totalmente, para descubrir caminos desconocidos y que no sabíamos que existían hasta ahora.

Otro ejercicio práctico que nos ayudará a salir de la zona de confort y que tiene relación con nuestros miedos. Primero, repasemos esa lista de miedos. Luego, nos retaremos a nosotros mismos. Los psicólogos de esta universidad animar a completar ese reto, aunque con algo de miedo. Una vez lo hayamos hecho, lo habremos superado. Y así, con los demás: escojamos uno nuevo y repetimos el proceso.

Un último ejercicio para conseguir nuestro nuevo reto: acudir a un lugar público, acércate a una persona que no conozcas, es turno para presentarnos y mantener una conversación. Si esa persona no está interesada, no queda otra que desistir e irnos, pero sin sentirnos más, porque esa reacción no indicará que esa persona no quiere salir de su zona de confort y que nosotros sí lo hemos conseguido.

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