Aunque la palabra quizás no es demasiado conocida su significado sí lo es. Se trata de cuando hacemos una mala gestión del tiempo y aplazamos constantemente el inicio de algunas tareas. Si hacemos uso del diccionario de la Real Academia Española (RAE) podremos comprobar que este término se define como: diferir o aplazar.

Puede ocurrir en cualquier ámbito de la vida diaria, sin embargo, está muy relacionado con el estrés laboral y, según muchos estudios, es una de las razones del absentismo laboral.

Hay muchos estudios sobre este fenómeno y también hay muchas estrategias formuladas que son útiles para intentar dejarlo de lado. Algunas de las más útiles son las siguientes:

Haz listas de tareas.

Es importante que antes de empezar cualquier tarea hagas una lista con aquellas cosas que tienes pendientes y que establezcas para cuándo las necesitas. Esto hará que tengas una visión general sobre todo el trabajo que tengas pendiente.

Crea plazos.

En el caso de que las tareas que tengas pendientes no tengan un plazo establecido, establécelo tú. Esto te ayudará a tener una fecha límite y te motivará a conseguir tu objetivo.

Crea un orden de prioridades.

No todas las tareas tienen la misma dificultad o la misma urgencia, por eso, es importante que establezcas un criterio para poder determinar cuáles son más urgentes.

Planifica el día a día.

En la medida de lo posible, intenta dedicar unos minutos antes de ponerte a trabajar en los que establezcas qué vas a hacer en el día.

Recompénsate.

En el caso de que tengas que hacer varias tareas que no te atraen, después de completarlas establécete una pequeña recompensa o premio.

Intercala tareas.

Es importante que vayas intercalando tareas más complicadas con aquellas más atractivas o de menos dificultad. De esta manera, cuando estés con la tarea que menos te gusta sabrás que después viene una más placentera.

Haz descansos.

Cuando te pongas con las tareas que menos te gustan, establece una serie de descansos para que puedas despejarte y descansar la mente.

Entrena el autocontrol.

Muchas veces la procrastinación está relacionada con poco autocontrol. Por eso, te recomendamos que intentes fomentarlo mediante técnicas de afrontamiento y de gestión emocional.

Mejora tu autoestima.

Como hemos comentado, en algunas ocasiones la procrastinación está relacionada con la baja autoestima. Por ello, trabajar la autoestima para aumentarla también puede ser muy beneficioso.

Ten el entorno de trabajo ordenado.

Tener el escritorio ordenado y limpio también puede motivarnos a hacer las tareas más complicadas. El entorno siempre debe ser facilitador.

Aunque estas son algunas de las estrategias principales, también puede haber otras que nos ayuden a dejar de diferir como, por ejemplo: delegar en otros, pedir ayuda, decir que no a las tareas que no nos correspondan, empezar y terminar las tareas (no dejar algunas a medias), ser flexible, etc.

 

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