La hidratación es fundamental para mantener en condiciones óptimas al organismo, esto incluye al cerebro, ya que, sin un nivel adecuado de líquido, el rendimiento cognitivo se ve comprometido, no reconoce de edades, por lo tanto, puede suceder en cualquier momento de la vida. Las funciones que más se afectan son la memoria a corto plazo, coordinación motora, tiempo de reacción y discriminación perceptiva.

Los déficits empiezan a notarse con pérdidas de agua menores del 2% del peso corporal, eso se traduce en unos pocos gramos, la pérdida de habilidades mentales y psicomotoras suceden con más frecuencia a medida que avanza el tiempo si no se reponen líquidos y electrolitos.

La importancia de la hidratación radica en que el cuerpo se compone principalmente de agua, por ejemplo, en los fetos el 90% del peso corporal es agua, esto desciende en un 75% al nacer. El 90% del peso del cerebro se debe a que está compuesto por agua, por ello, la reducción de este líquido causa tantos daños. Recientemente se ha visto que una ingesta pobre de agua conduce a una reducción del volumen de las estructuras cerebrales. En concreto la materia gris, formada por los cuerpos de las neuronas, disminuye, en especial el núcleo caudado y en el cerebelo. Esta última estructura controla la coordinación de los movimientos, entre otras funciones, lo que podría explicar las repercusiones de la falta de agua en la coordinación motora. A medida que estás estructuras retroceden, por la pérdida del agua del interior de las células, los ventrículos del cerebro -cavidades rellenas de líquido cefalorraquídeo- se expanden.

Estos cambios estructurales podrían deberse a la pérdida del volumen sanguíneo, que podría contribuir a reducir el volumen cerebral. La pérdida de agua hace que aumente la concentración de sales en la sangre lo que favorece que salga agua del interior de las células, que se encogen. En especial se ven afectados los astrocitos, un tipo de células del cerebro implicados en el transporte de agua y también en la comunicación entre las neuronas.

Para evitar que tanto nuestro cerebro como nuestros demás órganos se deshidraten es necesario tomar mínimo dos litros de agua al día y sueros orales de grado médico, ya que con ellos se recuperarán electrolitos, necesario para hidratar la células, responsables de hidratar al cuerpo y al cerebro.

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