Entre todos los azúcares presentes en la dieta, hay dos que son los principales, fructosa y glucosa, que juntos conforman el azúcar de mesa, sin embargo, en el caso de la glucosa, siempre se le atribuye la fuente de energía, es un monosacárido que eleva la glucosa sanguínea tan rápido como la se absorbe, el principal sustancia para elevar la glucemia; se encuentra en muchos alimentos, sin embargo, es difícil de encontrarla como edulcorante. 

Los estudios muestran que el consumo de glucosa aumenta el apetito, pero es la fructuosa uno de los primeros causantes obesogénicos,

Los estudios encontraron que la arteria aorta era menos capaz de relajarse con quienes consumen más fructuosa; esto supone un peor estado cardiovascular y una menor respuesta al tratamiento farmacológico más utilizado (nitroglicerina) para la cardiopatía isquémica (obstrucción del flujo sanguíneo al músculo cardíaco). 

Una de las grandes diferencias entre la glucosa y la fructosa radica en su capacidad para elevar la glucemia. Así, deberemos optar por el consumo de glucosa en los casos en los que necesitemos un aporte energético rápido. Esto sería durante la práctica de ejercicio físico intenso o al finalizar la misma. 

Si la demanda energética fuese muy elevada  (actividad física intensa 5-3 horas) sería conveniente elegir carbohidratos combinados de alto índice glucémico.Lo importante es saber que ni la glucosa, ni ningún tipo de azúcar es recomendada si se tiene problemas con enfermedades crónicas no transmisibles, por lo tanto, lo mejor es tener una dieta balanceada que permita consumir lo necesario para el cuerpo sin excedernos y una hidratación adecuada, no sólo con agua, sino con sueros orales de grado médico que le proporcionarán al cuerpo lo necesario para hidratarse desde las células. 

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