Nuestro organismo adquiere agua a través de la ingesta de líquidos y alimentos, sin embargo existen varios mecanismos a través de los cuales la perdemos.

La principal pérdida de líquidos es a través de los riñones, siendo aproximadamente 1500 ml al día en los adultos, cantidad que puede variar en distintas situaciones, como la ingesta excesiva de líquidos, toma de medicamentos diuréticos o de acuerdo al clima.

A través de las evacuaciones fecales se pierden aproximadamente 150 ml por día y en enfermedades diarreicas esto incrementa hasta llevarnos a la deshidratación.

También existen las pérdidas insensibles, que no percibimos ni podemos medir con facilidad, pero que llegan a ser de entre 700 a 1000 ml al día. Éstas aumentan en presencia de algunas enfermedades y/o condiciones como quemaduras y fiebres, al igual que en cambios climáticos bruscos, hiperventilación o en situaciones como el ejercicio vigoroso.

Dos ejemplos claros de este tipo de pérdidas son las cutáneas y pulmonares.

 Pérdidas cutáneas

Se producen perdiendo el calor a través de la piel por difusión, se diferencían del sudor ya que éste contiene solutos, mientras que las pérdidas cutáneas insensibles son imperceptibles y pueden llegar a representar 400 ml en un adulto. Incrementan con la elevación de la temperatura corporal y ambiental.

Pérdidas pulmonares

  • Se producen por el mecanismo de evaporación; al calentar el aire en los alvéolos (parte final de los pulmones), se satura con agua y se expulsa a través de la espiración.
  • La temperatura del aire que se inspira influye: entre más frío, mayor será la pérdida en la espiración.
  • Las pérdidas insensibles pulmonares aumentan en un ambiente caluroso y seco ya que respiramos más rápido.

Ante dichos mecanismos, la mejor alternativa es reponer líquidos a través del consumo frecuente de sueros orales de grado médico que garantizan la reposición adecuada de minerales y glucosa a nuestro organismo.

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