Dos de los principales mecanismos por los cuales perdemos líquidos son la respiración y la transpiración, por lo que nos volvemos más propensos a deshidratarnos en climas cálidos que en fríos.

Y como la temperatura ambiental y la humedad varían de acuerdo a la zona geográfica y la estación del año, es importante tomar en cuenta que los requerimiento hídricos; es decir, la cantidad de agua y electrolitos que requiere nuestro cuerpo para un buen funcionamiento, dependen de estos y otros factores.

Aunque suene obvio: A mayor sudor, mayor deshidratación

Es decir, a mayores temperaturas nuestro organismo genera sudoración para regular la temperatura corporal. Esto ocasiona un incremento en la pérdida de líquidos requiriendo un incremento en la ingesta de dichas sutancias para mantener nuestro organismo en un balance positivo. Lo que es igual a tomar más electrolitos.

Cuando nos encontramos en ambientes fríos no acostumbramos consumir tantos líquidos. Sin embargo existen condiciones que nos pueden llevar a la deshidratación.

Por ejemplo, en entornos fríos y secos se pierde agua a través de la respiración o al usar ropa muy abrigadora, que nos hace sudar y terminamos por no darle importancia.

También, los climas extremadamente fríos producen diuresis altas. Esto significa que orinaremos muchas veces, lo cual podría terminar deshidratándonos.

Si vives en una ciudad alta…

En las ciudades que se encuentran en alturas elevadas en relación con el nivel del mar el aire tiende a ser seco, lo que genera que respiremos más rápido y perdamos agua por la respiración.

Por eso, si habitas o viajas a ciudades con climas extremos y grandes alturas en relación con el nivel del mar debes estar alerta para poder reconocer cuando el organismo requiere una mayor ingesta de líquidos (sobre todo en ancianos y niños pequeños), así como llevar una dieta sana, balanceada y utilizar ropa de acuerdo al clima en el que te encuentres.

 

 

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