No es ningún secreto que una proporción importante de personas duerme habitualmente un número insuficiente de horas. En una sociedad que extiende su obsesión por la productividad sobre tiempo libre, cada vez más gente se ve obligada a sustraerse horas de descanso con el fin de cumplir con todas las tareas que se nos imponen (o nos imponemos).

Sin embargo, esa misma falta de sueño tiene consecuencias sobre la salud física y mental… y sobre la propia productividad en el ámbito laboral. Es lo que se desprende de una investigación llevada a cabo por científicos del Instituto Nacional de Salud Mental de Japón y publicada en el medio especializado Scientific Reports.

Los autores trabajan con varios conceptos clave. Concretamente, buscan definir la duración óptima del sueño para cada individuo y contrastarla con su duración habitual del sueño, que es la cantidad de tiempo que duerme habitualmente en su día a día.

De la diferencia entre estos dos valores se derivaría la deuda de sueño potencial, que serían esas horas de sueño perdidas que impactan negativamente en la salud individual, la salud pública y la productividad laboral.

Es decir, en esencia se busca un método para cuantificar la privación de sueño en cada persona para su empleo como marcador clínico, lo que a su vez puede permitir establecer mediciones más precisas sobre los daños que produce.

¿Cómo medir el tiempo óptimo de sueño?

Los autores se apoyan en un modelo teórico según el cual el sueño estaría controlado por dos mecanismos corporales diferenciados. Uno de ellos son los ritmos circadianos, que corresponderían a los cambios físicos, mentales y conductuales que tienen lugar en los organismos vivos a lo largo de cada día (y que responden primariamente a la luz y la oscuridad). Estos ritmos serían los que nos empujan de manera natural a dormir por la noche y en cambio a estar despiertos durante el día.

El otro es la homeostasis, que es un conjunto de procesos por el cual los organismos tienden a restablecer y mantener un determinado balance interno, y que en el caso del sueño resulta en la presión del sueño (ganas de dormir) y en la prolongación del tiempo de sueño si hay una oportunidad para ello (‘compensar’ la falta de sueño durmiendo más cuando es posible, ‘recuperando horas’).

Según esta concepción, la idea de la deuda potencial de sueño sería medible a partir del sueño ‘de más’ cuando se permite al individuo dormir todo lo necesario, y la duración óptima del tiempo sería cuantificable una vez que esa deuda haya sido resuelta, observando el tiempo que el individuo duerme entonces.

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